[metaslider id="43"]

Temas de Conversación

La batalla del odio                                   

Por Bernardino Rodríguez C.                   

En materia de elecciones, vale reflexionar sobre la llamada “segunda vuelta”. Es un mecanismo que tiene origen en la carta de 1979 repetida en la de 1993. Pero, décadas después, merece analizar cuánto de beneficiosa resulta. El espíritu de la norma fue bueno. Se dijo entonces que permitiría emerja de las ánforas un presidente con fuerte respaldo ciudadano, porque llegaría a palacio con el respaldo de casi la mitad de los ciudadanos peruanos. Y esto le daría más fuerza para gobernar.

La realidad resultó distinta. El respaldo ciudadano que tiene, está solo en quienes votaron por él en la primera vuelta. Los que le dieron su voto en la segunda, terminan su compromiso de apoyo al salir de la mesa electoral. Estamos viendo, además, que en la segunda ronda muchos ciudadanos no votan “a favor” sino “en contra” de quien rechazan, aunque no sepan nada del candidato al que le dan su voto.

Pruebas al canto. En 1990, Mario Vargas Llosa ganó en la primera votación. Los grupos perdedores, que diferían de sus ideas liberales, prefirieron apoyar en la segunda a un desconocido Alberto Fujimori y lo derrotaron. Esto se ha repetido en más de un proceso. En resumen, por alguna razón digna de estudio, el repechaje electoral en el Perú es una batalla de odio.

La Constitución 1931, establecía que el ganador debía superar el tercio de la votación para ser elegido presidente. Si nadie pasa esa valla, mandaba que el nuevo Congreso lo elija entre los tres candidatos con mayor votación. Esto obligaba a los partidos a aliarse para ungir al primer mandatario. Consecuentemente, a gobernar unidos, dándole la fuerza de una mayoría parlamentaria. Excelente ¿Verdad?