La recaída de Facebook

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Por: Mabel Cáceres Calderón

La red social de Mark Elliot Zuckerberg se ha convertido en un pozo negro que alberga algunas banalidades y lo peor de la condición humana: desde el odio visceral por temas de raza, religión, política; hasta deleznables expresiones de resentimiento, soberbia, envidia y egolatría. No es la única red social donde esto ocurre, pero su amplitud e impacto, por lo menos en nuestro medio, es superior a las demás. Las promesas de la masificación de la tecnología, para fines superiores se han desvanecido en el caso de Facebook. Es verdad que la agresividad y el miedo que las genera son una primitiva pulsión de los seres humanos, pero ya habíamos aprendido a neutralizarla para una convivencia civilizada. En los inicios de la vida en comunidad se estableció una autocensura y maneras de sublimar los impulsos, a través de la educación. Esas formas autoprotectoras, por lo visto, se han difuminado en esta red.

Hace unos días, cuando el FB dejó de funcionar parcialmente, se evidenció el grado de dependencia que ha generado en muchas personas y los niveles de penetración en nuestra vida diaria. Su carácter invasivo ya genera preocupación en individuos, empresas y estados. Y no son pocas las acusaciones de manejo poco ético de los datos que manejan sobre cada uno de sus usuarios, utilizándolos con fines comerciales y hasta políticos.

Además de la proliferación de noticias falsas y banalidades destinadas a llamar la atención o a generar reacciones primarias, un ejemplo de su uso pernicioso es lo ocurrido días atrás, cuando algunas cuentas leales al expresidente Alan García, lograron banear un post de IDL Reporteros en el que el galardonado periodista, Gustavo Gorriti, explicaba la complicada situación del expresidente en el caso de corrupción más grande de la historia. Unos cuantos trolls nos privaron temporalmente de un contenido valioso, pero los algoritmos de la red, enfocados en monetizarlo todo, no pueden entenderlo aun.

Entretanto, los únicos que podemos protegernos de ese monstruo potencial somos nosotros mismos, pero tal parece que, tras la caída y retorno de Facebook, todo hemos recaído en su red.

FUENTE: El Buho

English version

By: Mabel Cáceres Calderón

The social network of Mark Elliot Zuckerberg has become a cesspool that houses some banalities and the worst of the human condition: from visceral hatred for race, religion, politics; even despicable expressions of resentment, pride, envy and egotism. It is not the only social network where this happens, but its amplitude and impact, at least in our environment, is superior to the others. The promises of the massification of technology, for higher purposes have faded in the case of Facebook. It is true that the aggressiveness and fear that generates them are a primitive drive of human beings, but we had already learned to neutralize it for a civilized coexistence. At the beginning of community life, self-censorship and ways of sublimating impulses were established through education. These self-protective forms, apparently, have been diffused in this network.

A few days ago, when the FB stopped working partially, it showed the degree of dependence that has generated in many people and the levels of penetration in our daily lives. Its invasive nature already generates concern in individuals, companies and states. And there are many accusations of unethical handling of the data they handle about each of their users, using them for commercial and even political purposes.

In addition to the proliferation of false news and banalities designed to draw attention or generate primary reactions, an example of its pernicious use is what happened days ago, when some accounts loyal to former President Alan García, managed to ban a post IDL Reporters in which the award-winning journalist, Gustavo Gorriti, explained the complicated situation of the former president in the largest corruption case in history. A few trolls temporarily deprived us of valuable content, but the algorithms of the network, focused on monetizing everything, can not understand it yet.

Meanwhile, the only ones who can protect ourselves from this potential monster are ourselves, but it seems that, after the fall and return of Facebook, we have all relapsed into their network.

SOURCE: The Owl




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