Luis Enrique Yáñez Pacheco poeta que dejo huella en Mollendo

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POETA AREQUIPEÑO
Luis Enrique, el maestro
A lo largo de su trayectoria, el educador Luis Enrique Yáñez Pacheco ha combinado su vocación por la enseñanza con su amor por las letras. Destaca lo importante que es incentivar el hábito de la lectura.

 

Por: Luz María Crevoisier Periodista

Este atildado caballero que peina canas y declama con voz entonada no es el Luis Enrique de ‘El plebeyo’, de Felipe Pinglo Alva, sino Luis Enrique Yáñez Pacheco, un arequipeño nacido en 1931 que escogió la docencia como profesión y fue atrapado por la poesía a muy temprana edad.

Los primeros tiempos en la tierra de los characatos se quedaron atrás cuando su padre trasladó a la familia a Cusco.

“En la calle de Santa Catalina Ancha estaba la casona de mi abuelo, que era fabricante y comerciante de licores. Allí pasé los años de mi infancia. Al fondo, pasando el patio delantero y las arquerías, funcionaba la Escuela de Artes y Oficios”, nos cuenta.

Pasar revista

“Mis primeros estudios los hice en la escuelita de Cuichupunco y casi desde el inicio de la primaria me gustó aprender poemas y recitarlos”, recuerda. Esta afición la aplicó en los colegios donde ejercería, más tarde, el magisterio.

“Hice míos los versos de Vallejo y Neruda, pero sobre todo Tristitia, de Valdelomar, porque resumía mis vivencias de la niñez”, nos cuenta este poeta, que fue homenajeado en el 2011 en el Tercer Festival Internacional de Poesía, que se realizó en la provincia cajamarquina de Bambamarca.

“Concluí la secundaria en el nacional Independencia Americana de Arequipa, donde tuve maestros de la talla de Teodoro Núñez Ureta; el ideólogo César Guardia Mayorga, padre de la investigadora Sara Beatriz Guardia; el poeta Carlos Manchego Rendón”.

“La carrera universitaria la hice en el San Agustín. Fueron años muy ricos en versos y participación en movimientos reivindicativos que no he dejado hasta hoy”, nos señala.

“Una de mis primeras experiencias fue llegar al colegio Dean Valdivia, en Mollendo. Allí montamos pequeños sainetes de Alejandro Casona, con el visto bueno del director del plantel”.

Para Yáñez, la docencia no consiste en que el alumno memorice información que olvidará rápido. “Mi propósito, más que enseñar sintaxis, fue promover el hábito de la lectura para que el adolescente diera respuestas a las inquietudes de su imaginación”.

La trayectoria de Yáñez en la docencia ha sido diversa. Además de varios centros escolares, recorrió las universidades de San Antonio Abad, Enrique Guzmán y Valle, Ricardo Palma, hasta llegar al decanato de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad San Martín de Porres.

Letras impresas

Luis Yáñez inauguró su vida de poeta con el poemario Nuestra Ventana, en 1953. Ese debut fue prologado por el “incendiario de la palabra”, su paisano Alberto Hidalgo. Para la carátula contó con el apoyo de otro arequipeño insigne, el muralista Teodoro Núñez Ureta. Como difusor cultural, editó varios volúmenes interesantes. Entre ellos destacan Nueva Poesía Arequipeña (1955), Muralla (1960), Cuentos Peruanos (1970). De este último emprendimiento, cuenta que ya tiene tres tomos, “pues cada año agrego lo más reciente. La última edición fue en el 2015 con la editorial Crecer”. La revista literaria Canto general, que lleva el nombre de un poemario de Neruda, es la última aventura de Yáñez. Para ello, cuenta con el apoyo de los poetas de Estirpe Etérea de La Cantuta Jhócer Gonzales y Raúl Tekina. El martes 13, presentará el segundo número de este emprendimiento en la Casa Mariátegui (jirón Washington 1946, Cercado de Lima), a las 19:00 horas.




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